Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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jueves, 26 de marzo de 2020

Psicología práctica – crisis del coronavirus. La disonancia cognitiva

Tras unos cuantos años sin escribir nada, y sin ánimo de que sea permanente, ante la crisis del coronavirus he decidio escribir algo. No se si será solo esta entrada o habrá más, depende del tiempo de que disponga y de si se me ocurren conexiones entre el comportamiento del personal que puedan tener aplicaciones en psicología. Vamos allá: Leer más...

Una de las razones por las que, allá por el 2010 me matriculé en psicología fue para entender los mecanismos mentales de la gente, que yo no era capaz de entender. Quizás porque hace años que estoy a otras cosas, este tema del virus lo me lo ha vuelto a traer a la memoria.

El concepto que, probablemente más me sorprendió, y que he recordado infinitas veces fue el de ‘disonancia cognitiva’, que «hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias».

Asistimos a una crisis que es muy seria y grave. No solo aquí, sino en todo el mundo. Sin embargo, aquí ha tenido una serie de agravantes que no han sucedido en muchos o en todos del resto de países. No hablo del tema de los epis (equipos de protección individual) o la ausencia de los mismos, la escasez de tests (o que gasten dinero en comprarlos a empresas no homologadas en China o que no funcionen) o la gestión en general, que me parece (y me sigue pareciendo) negligente y lamentable (en el mejor de los casos). Hablaré solo de las manifestaciones del 8M y de la disonancia cognitiva de algunas personas que asistieron y defienden su asistencia.

Ha habido países como Portugal, donde han decretado el estado de alarma con 642 contagiados y dos fallecidos (en una población de 10 millones de personas), o China, donde se cerro Wuhan cuando tenían 500 contagiados y 17 fallecidos (se aisló una población similar a la de Portugal).

Sin embargo, en España, con un número de contagiados bastante similar, ni se decretó el estado de alarma, ni se tomaron medidas de envergadura. En especial llama la atención el no solo permitir libremente eventos con aglomeración de personal, sino alentar las manifestaciones del día de la mujer, el 8 de marzo, por parte del gobierno de la nación. Curiosamente se pasó de un escenario de 'no pasa nada' a un escenario de 'emergencia nacional' en apenas 24 horas. El tiempo dirá las consecuencias en cuanto a número de contagiados y fallecidos de tal decisión. Ahora ya se reconoce por el gobierno que “la segunda semana de febrero fue clave en el contagio masivo”. Aun así se permitieron las manifestaciones.

Hay que tener en cuenta que la Agencia Europea para el control de enfermedades ya recomendaba en su boletín del 2 de Marzo (casi una semana antes de dichos eventos) medidas de distanciamiento social.

Pues bien, algo que puede parecer una temeridad y una obvia negligencia, choca con las ideas firmemente arraigadas de algunas personas. Estos días he tenido más de una discusión con algunas de ellas, estudiantes aun o con el grado de psicología acabado.

Doy por hecho que existen 'hooligans' que utilizan argumentos para defender sus posturas políticas a sabiendas que son falsos. Realmente no se los creen. Simplemente creen que la política o las ideas similares están por encima de todo (por lo visto de la salud pública también). No me refiero a esos casos ahora, no encajarían dentro del concepto de ‘disonancia cognitiva’ y tampoco es fácil distinguirlos de aquellos con disonancia cognitiva, a los que me voy a referir ahora.

En aquellos que no son hooligans, sorprende que, habiendo estudiado en psicología social el concepto de “disonancia cognitiva”, no sean capaces de verlo en carne propia. Siguen un patrón de forma casi mimética en cuanto a los mecanismos para auto justificarse, por promocionar, jalear, asistir o excusar las manifestaciones del 8 de Marzo:

1. Que ha habido otros eventos multitudinarios el fin de semana: Por supuesto que los ha habido. ¿Y? ¿El que haya mil personas que hagan algo malo quita algo de maldad si yo repito ese comportamiento? Item plus: Esos otros eventos multitudinarios fueron permitidos por el mismo gobierno que permitió las manifestaciones del 8M conociendo, al menos, el informe que cito más arriba. Obviamente el gobierno, si por razones políticas quería permitir esas manifestaciones, no podía prohibir el resto de eventos.

2. No está demostrado que haya habido contagios. Esta afirmación contraria al más elemental sentido común, se cayó sola cuando tres personas que llevaban la pancarta principal fueron contagiadas. No se si alguien hará una evaluación del número de contagios producidos en esa manifestación (hablo en este caso de la de Madrid) y del posible número de fallecidos consecuencia de los mismos.

3. Cada persona puede elegir no ir. Ya, pero es el estado el que debe proteger a los ciudadanos. Del mismo modo que me obliga a ponerme el cinturón de seguridad en el coche para no sufrir daños, es obligación del gobierno el no haber permitido esas manifestaciones que claramente han provocado contagios.

4. Tengo derecho a asumir el riesgo. Ya, y si tú te contagias, las personas que sufran un contagio posterior derivado de tu contagio ¿también?

5. De algo hay que morirse. (sin palabras).

6. Igual que tú haces lo que te da la gana, yo tengo derecho a hacer lo que me da la gana. (ver punto 4).

7. La responsabilidad es individual, el gobierno no tiene culpa de nada. Yo a este le enmarco dentro de los hooligans, directamente.

Hubo más argumentos, probablemente incluso más infantiles que los anteriores. Lo gracioso es que esos argumentos son emitidos por personas que ya conocen el concepto de disonancia cognitiva. No se si en este caso esos argumentos sirven para conseguir "paz mental" después de una decisión errada. No se si han sido contagiados o si han contagiado a alguien después de las manifestaciones y sienten cierta culpabilidad. No se si les sirven para justificarse y tranquilizarse, sabiendo en el fondo que han cometido un error muy serio y se han puesto en peligro ellos y a sus personas cercanas asistiendo a tal evento. En estos casos descritos, estamos claramente ante casos de disonancia cognitiva.