Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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sábado, 28 de junio de 2014

La primera versión y las tres opciones

No es la primera vez en la que se publican carteles y demás donde se explica que los psicólogos no son adivinos, no tienen una bola de cristal, ni psicoanalizan de forma continua. Completamente de acuerdo. Sin embargo, socialmente, como he dicho en innumerables ocasiones, a los psicólogos sí que se les supone un plus de sentido común, y de vista global. Leer más...

Es cierto que desde primero de carrera, se nos explica que la psicología del sentido común no debe ser la que guíe a un psicólogo. Pero eso no significa que haya que dejarla desaparecer de la ecuación.

Por otro lado, tengo ya mis años, y una cosa que he sabido desde siempre, mucho antes de entrar en la Uned, es que nunca, jamás, se debe aceptar la primera historia que me cuentan, la primera versión de unos acontecimientos, o la primera versión de una historia que llega a mis oídos. No escuchar al que más grita, al que más se queja o al que más llora. No todo el mundo es bueno, ni todo el mundo es malo, y en muchas ocasiones las cosas no son lo que parecen, las apariencias engañan. Se intriga, se manipula, se miente, y si se acepta una “verdad” que no lo es, al final estamos haciendo un flaco favor a la justicia. Las conclusiones precipitadas, en muchas ocasiones, además de precipitadas, son erróneas. Algo que parece que lleva a una conclusión, en multitud de ocasiones solo lo parece.

Cuando se decide tomar acciones, o tomar partido, hay que estar muy seguro de conocer todos los elementos que nos motiven a actuar en uno u otro sentido. Infinidad de ocasiones, una actuación, al cabo del tiempo, acaba en palabras tragadas por no haber contrastado la información o con injustos “linchamientos” a quien pasaba por allí, o directamente a quien no ha llorado, no ha gritado, se ha callado, o no ha entrado a determinados juegos. Lamentable, pero cierto. Solo hay que leer según que muros.

Vivimos en el país del Sálvame, de los corrillos, de los rumores, de los cuentos y de los “privados”. Cuando te enfrentas a una acusación con gente que grita, llora, se autocompadece o manipula tienes tres opciones: La primera, callar. La segunda, jugar al juego de los de “sálvame”, entrar a saco en peleas absurdas, y probablemente acabar de mal humor y pringado de barro hasta el cuello. Y la tercera, es contar tu verdad a quien quiera escucharla, desde la calma y la distancia del tiempo. Tiendo a decantarme por la tercera. ¿Por qué?

Porque en el caso de la primera, tienes que esperar que las personas tengan la visión de buscar más allá de la superficie, rascar un poco en las apariencias, o por lo menos recabar las versiones de todas las partes. Eso, que podríamos suponer que es lo que deben hacer personas que se dedican o se van a dedicar en la psicología, por experiencias pasadas puedo afirmar que no es así, no al menos en todos los casos. Se suele aplicar el corolario de “el que calla otorga”. Si alguien decide no discutir, por las razones que sean (que las hay), se asume que calla asintiendo con lo que se dice de esa persona. No sé en otros casos, en el mío, no es así. Si callo, es porque aplico el refrán del “cerdo o el burro”. Una vez oí a alguien ese principio, refrán o corolario. Me hizo mucha gracia, y en muchas ocasiones lo aplico. Es más, cuando no lo aplico, porque a veces cuesta quedarse callado, tiendo a “reparar lo dicho”, me callo, retiro lo dicho y me voy. En resumen, si aceptáis mi consejo, no os molestéis en discusiones huecas o absurdas.

En el caso de la segunda opción, está claro que hay que tener “estómago” para dedicarse a ir de muro en muro, de privado en privado, haciendo política, ahora que está tan de moda, perdiendo el tiempo y la paciencia. La verdad, yo no estoy en eso. Cierto es que a la gente que lo aplica le suele salir bastante bien, porque es muy laborioso informarse antes de hacerse una idea mental sobre una situación. Es más cómodo comer la “basura” que nos dan digerida, en vez de molestarse a comprobar si esa “basura” guarda relación con la realidad.

La tercera opción es la mejor. ¿Por qué? Porque al final se produce una selección natural de las personas, a mi juicio, más válidas. Aquellos que no se molestan en saber si son ciertos los rumores, los dichos, las acusaciones o las atribuciones, no merecen mi crédito, y más, si se van a dedicar ala psicología. Aquellos que no han llegado a conclusiones precipitadas, que toman su tiempo, que deciden en base a todos los datos de la ecuación, son, siempre desde mi punto de vista, a quienes quiero tener cerca, de quien puedo aprender, de quien merece la pena sacar conclusiones, y a quien puedo dar crédito en el futuro, incluso aunque sus conclusiones no coincidan con las mías, que por supuesto no tiene por qué ser así.

Total, que mi consejo para hoy, es que no te creas todo lo que te dicen, no des por cierto todo lo que te cuentan. Incluso aunque las apariencias puedan apuntar hacia un lado, a veces son inclinaciones forzadas o interesadas. Ese principio que se aplica en periodismo, sobre contrastar las fuentes, pienso que debe aplicarse en todos los ámbitos de la vida, y en psicología más.

Y si sois los agraviados, los catalogados en los muros ajenos, los difamados, los juzgados por quien realmente no está legitimado a juzgar, mi consejo es "ladran, luego cabalgamos", aprender a silbar (como bien dice una compañera), y adoptar la tercera opción. Puede que al final del proceso tengas menos gente alrededor, eso es cierto, pero será gente de mucha más calidad. Y en el fondo es lo que merece la pena. Las multitudes “huecas” no aportan nada. Y si son de futuros psicólogos, menos aun. Con el tiempo, la verdad se abre camino, y podrás exponer tus razones con el aval del tiempo, y la experiencia. Suerte.

Este hilo se presta poco a los comentarios. Pero si alguien quiere comentar algo, como siempre, en el muro de la página de Facebook, o en off-topic.