Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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domingo, 9 de septiembre de 2012

Los estereotipos y las individualidades


Hoy por la mañana, estaba leyendo (de chiripa, por un comentario de esos que se pegan en el facebook de alguien que tienes agregado), una historia sobre unos atletas paralímpicos con síndrome de Dawn. Leer más... Explicaban que en una carrera uno de los atletas se cayó, y el resto, muy sensibles y tal, pararon y dieron todos la vuelta para ayudar al caído, y entraron a la meta todos juntos y de una pieza.

Si queréis leerla completa, no voy a enlazar el lugar donde la leí porque no creo que sea apropiado. Solo hay que poner en google “olimpiadas seattle down” y aparecerán tropecientos lugares donde reproducen la historia, claro que, como siempre, sin comprobar su veracidad.

¿Recordáis esta entrada? Pues este caso es más de lo mismo. Es un fake como la copa de un pino (ver AQUI.

Últimamente están muy de moda ese tipo de historias. Para hacernos ver algo que tiene que, o debe ser cierto, se nos adornan cuentos. En algunos casos se deducen como falsos nada más empezar a leer. Sin embargo, lo peligroso (y en este caso lo potencialmente ofensivo para todo un colectivo), es que se vendan como ciertas, historias completamente ficticias.

Las fábulas son tan viejas como la capacidad de habla del ser humano, y socialmente siempre se han reconocido como positivas. Pero hay dos diferencias con la epidemia de relatos actual: Por un lado la longitud de las historias, y por otro que a las fábulas ya se les supone de salida el carácter de simulación.

Con todo, algunas veces son positivas, pero esto es como el buen vino, que si te pasas acabas emborrachándote.

En esta ocasión, el problema no está en el mensaje de que todos tenemos que "pasar de competiciones" (con lo que se puede o no estar de acuerdo, yo no lo estoy, porque pienso que el progreso en su mayor medida se basa en la competición). Tampoco está en que se intente mostrar las bondades de “ir todos juntos”. Eso es legítimo y hay quien podría estar de acuerdo.

El problema, a mi modo de ver, es que se etiquete a todo un colectivo (afectados por el síndrome de Dawn) como “angelitos” o “diferentes”, por supuesto haciendo algo que las personas “normales” no haríamos nunca, justo lo contrario que querría cualquier afectado por ese síndrome al que se preguntase, el ser diferente.

En una pequeña discusión posterior que mantuve con quien reprodujo la historia al respecto de esto que cuento, se me dijo que hay que reconocer las individualidades de cada uno. Flaco favor se hace a la individualidad de cada uno si se le encasilla de esa manera, a él y a todo su colectivo.

¿Somos todos iguales? Está claro que no, siempre dentro de ciertos límites, porque si algo tiene la psicología es la capacidad de previsión de comportamientos en determinados escenarios, lo que en el fondo sí muestra un componente de igualdad.

Así que si asumimos las individualidades y que no somos todos iguales dejemos los estereotipos y las etiquetas a un lado.

Terminando, que antes de “iluminarnos” con historias tachándolas como ciertas o presumiblemente ciertas en las que se etiqueta a todo un colectivo, quizás sea mejor reflexionar un poquito y pararse a pensar si el daño o la ofensa que se puede hacer a todo un grupo no es netamente superior al beneficio que se puede obtener “aleccionando” a la sociedad con cualquier mensaje, por muy positivo que le pueda parecer al ponente.