Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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lunes, 13 de agosto de 2012

La psicología y la meteorología

¿A alguien se le ocurre qué pueden tener en común estas dos disciplinas? Debe ser la enésima vez que escribo sobre esto, pero es que el personal no deja de sorprenderme. Leer más... El otro día estaba hablando con alguien y salió en la conversación, como tantas veces, el carácter científico, o no, de la psicología. Es algo similar a lo que ocurre desde siempre con la meteorología.

Cualquiera que tenga media idea de estos temas, no dudaría ni por un segundo que la meteorología es una ciencia, y que a pesar de serlo, a veces resulta tremendamente complicado conseguir evaluar de forma correcta todos los factores que intervienen en los fenómenos meteorológicos.

Sin embargo, hay quien se imagina a los meteorólogos sacando un dedo fuera de la ventana para medir la temperatura, humedad, velocidad y dirección del viento, y tirando monedas al aire para predecir el tiempo. Del mismo modo ven a los psicólogos como gente que a cambio de dinero dan “consejos” y listo. No saben lo que hay detrás de las predicciones de los meteorólogos ni de las consultas con un psicólogo. No conocen el montón de circunstancias a tener en cuenta y saberes previos que implican.

En ambas ciencias, que lo son, hay un factor común que se repite cuando alguien afirma la inexistencia de su naturaleza científica: Que aquel que lo proclama no tiene ni pajolera idea de lo que habla.

Para saber si algo es o no una ciencia, el primer ingrediente básico es conocer o entender lo que implica la afirmación de si algo forma parte o no de la ciencia, o si tiene o no carácter científico. Si consultamos el manido diccionario de la RAE, ya en la primera definición (de las otras también se podría deducir, pero me voy a quedar con la primera), nos dice que ciencia es:

«Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales.»

Obviamente, si todo lo que se ha visto sobre psicología se reduce a leer un bestseller de esos de "supérate tú mismo" de tarde en tarde, en el mejor de los casos, porque en otros se queda en tres o cuatro citas sonoras, es lógico que no se identifique la psicología con la ciencia, porque para aquellos que no saben del tema, la psicología se reduce a eso que hemos hablado muchas veces, «alguien que te cobra un dinero por darte consejos que te puede dar cualquier amigo», o peor incluso, una frase fácil en un momento concreto que ni siquiera atina a descifrar.

Si aquel (o aquella) que dice que la psicología no es ciencia supiera de lo que habla, sabría lo que es un ensayo clínico, sabría que la pequeña parte que conoce a duras penas de la psicología, suponiendo que conozca alguna, es el producto de la aplicación de la definición de ciencia, esa que desconoce. También sabría que la psicología no son los libros de autoayuda (que aunque a veces puedan actuar de bálsamo, y solo a veces, no resolverán el problema, y esos sí que no tienen ningún tipo de atributo que pueda ni tan siquiera animar a sospechar que comparten algo con cualquier disciplina científica).

En una de esas conversaciones (que por desgracia ya son muchas) en las que se pone la psicología al nivel de cualquier charlatán “vende-bálsamos”, cuando se me dijo que la psicología no era una ciencia, pregunté:

- ¿Por qué?
- Porque hay mucha gente con problemas que la psicología no puede curar.
- Vale. ¿Y la medicina es una ciencia?
- Sí, claro, la medicina sí.
- ¿Incluso aunque no cure el montón de enfermedades crónicas que no puede curar aun o sabiendo que la gente se sigue muriendo de enfermedades incurables para las que desgraciadamente aun no se ha hallado el remedio?


La respuesta a mi última pregunta, lógicamente, fue la que suele aparecer en estos casos, o bien “pasapalabra”, o bien “silbar y mirar para otro lado” o en el mejor de los casos “cambio de tema”. Es lo que ocurre cuando se habla sin saber, cuando la cultura es nula, y cuando se tienen prejuicios de tamaño solo igualable al del atrevimiento de calificar algo que no se conoce.

Por poner un ejemplo de tantos, cualquiera que lea el libro de Psicología del Desarrollo y tenga un hijo, entenderá que, efectivamente, para volcar lo que allí aparece, hay que observar, hay que razonar, hay que estructurar, y se sorprendería de las precisas que pueden ser las previsiones sobre el comportamiento de los niños en función de su edad, y del tipo de educación que reciban. A aquellos que afirmen que la psicología no es una ciencia, les invito a que lean ese libro (que no muerde, aunque sí es más gordo que cualquiera de esos de lectura fácil que pueblan las librerías) y luego opinen con conocimiento de causa. No creo que nadie que se lea el libro (y lo entienda) pueda seguir con la copla del prejuicio hacia la psicología.

Hablaba justo esta mañana con un nativo de un país del norte que lleva unos añitos aquí. Y salió el tema de la psicología (y de eso salió la idea de escribir hoy esta entrada). Me comentaba que tuvo que ir al psicólogo de joven por un tema que no viene a cuento. Cuando le dije que la cultura popular cañí consideraba, en muchas ocasiones, que aquel que acude a una consulta psicológica está “loco”, se sorprendió mucho, porque en su país (como en la inmensa mayoría de los países civilizados), la gente va al psicólogo cuando lo necesita, como al médico, y sin prejuicios. Lo curioso es que aquellos que tienen prejuicios para ir al psicólogo, y lo primero que dicen al entrar en la consulta es “oiga, que yo no estoy loco”, no los tienen para ir a un charlatán cualquiera a que les cuente cualquier historia (esa sí que no está basada en ningún tipo de ciencia, como mucho experiencias personales en el mejor de los casos) y asumir que esas charlas profanas tienen algo que ver con la psicología.

En resumen, que esto es lo que hay y con lo que hay que navegar. Imagino que el tiempo y la cultura lo vayan solucionando. A corto plazo no soy optimista. De momento, solo a aguantarse y a tener paciencia.