Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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martes, 19 de junio de 2012

Psicología del enfado


Ayer asistí/fui parte de una «pseudodiscusión» un poco surrealista, porque una de las partes no estaba presente. Imaginad el siguiente escenario: «A» no conoce a «B», pero yo conozco a ambas partes y estaba en el lugar y momento de «autos».

Leer más... En relación a un tema que no viene a cuento, «A» expone un comentario que, según «A» (y no hay razón para no creerle), se expuso con buena fe, y «B» contesta con otro comentario que rebate al de «A» también con buena fe. «B» se marcha en ese momento, y a mi me tocó comentar el tema con «A». A pesar de explicarle que el comentario de «B» es completamente inocente, (puedo poner la mano en el fuego, o como dije ayer, las dos, por la inocencia del comentario de «B»), «A» acabó con un cabreo descomunal, y lo gracioso es que probablemente «B» ni se enteró.

Sin embargo «A», que se siente menospreciado o indignado o lo que sea, se siente así porque asume que el comentario de «B» fue con intención agresiva. A pesar de explicarle a «A» que el comentario de «B», con toda seguridad no fue ofensivo, sino que fue un simple intercambio de datos, opiniones o hechos probados, la actitud de «A» consistió en la emisión de comentarios en los que reflejó su malestar o su hastío, es decir, que asume que tenemos que creer que su comentario fue inocente o bienintencionado, mientras que él no hace lo mismo con el de la otra parte.

Aparte de antisimétrico, me parece injusto, y eso me lleva a dos reflexiones después de darle muchas vueltas al tema entre ayer y hoy: Si «A» quiere que creamos que su comentario no fue con mala intención, ¿no podría aplicar el mismo baremo para el comentario de «B», que con plena seguridad no se hizo con antipatía?

¿No puede ocurrir que si «A» ve hostilidad en el comentario de «B» es porque en el fondo el comentario de «A», su comentario, el primero que se emitió, no era del todo inocente, y por ello estaba un poco a la defensiva?

Respecto de lo segundo, de ser cierto, no tengo nada que aprender, o aplicar para futuras ocasiones, pero de lo primero sí:

La vida está llena de eso, de apreciaciones antisimétricas, de paja en el ojo ajeno pero no viendo la Sequoia en el propio. Una fuente constante de dolores de cabeza, y de recursos desaprovechados.

Estoy seguro de que en múltiples situaciones, aplicando a los demás lo que queremos que nos apliquen a nosotros, o lo que directamente nos aplican, solo con eso, cortaríamos de raíz un número indeterminado (pero muy alto) de disputas, discusiones y problemas, antes incluso de que se gesten. Conflictos pueriles y sin importancia que pueden convertirse en bolas de difícil digestión.

Se podría decir de otro modo, como dice la sabiduría popular... no hagas lo que no quieras que te hagan y a la inversa.

Lo de ayer no tiene/tuvo la menor importancia, pero alguien que actúa de esa manera una vez, (siempre según mi opinión) debería echar un ojo a los filtros que utiliza para medir, calibrar o juzgar el comportamiento de los demás, porque de no ser así, probablemente su media de discusiones y choques en su vida diaria multiplicará por un número muy alto la media general de broncas, con todo lo que para su calidad de vida supone.

Antes de pedir, estate dispuesto a dar. Antes de medir, asume que pueden medirte por el mismo baremo, y viceversa. Antes de criticar, asume que te podrán criticar, y antes de animar, que pese en tu decisión que lo que tu emites genera “ambiente” y te puede ser devuelto (es más, estoy convencido de que debe ser así), y en caso de que animes, generaras una dinámica que a la postre te reportará ánimos.

Juzga a los demás como lo harías con ti mism@, y vivirás mejor, más feliz y con menos estrés. Y a ser posible juzgate a ti mism@ positivamente. Saldrás ganando…