Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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martes, 20 de diciembre de 2011

De chimpancés, plátanos, y paradigmas circulares

En una ocasión se realizó un experimento que consistió en colocar a unos chimpancés en una jaula con una escalera en el centro. En lo alto de la misma se puso un racimo de plátanos. Como es de esperar, uno de los monos se acercó a la escalera y comenzó a subir por ella. En ese momento el investigador roció a todos con agua helada, (al que intentó coger los plátanos también), de tal manera que éste último acabó desistiendo. El proceso se repitió hasta que el investigador constató que ningún mono intentó acercarse a la escalera. Leer más...

Entonces se sustituyó a uno de los simios por uno que no había estado en la jaula, y en cuanto entró, al ver los plátanos, intentó subirse a la escalera para llegar a poder cogerlos. El resto de los monos se lo impidieron de forma no precisamente amable. Después el experimentador sustituyó a un segundo mono, que al entrar a la jaula intentó también llegar a los plátanos. Y el mono anterior, ese que nunca había sido rociado con agua, se dedicó a “convencerle” por las malas (junto con todos los demás) para que no subiera a por los plátanos.

El investigador fue cambiando los monos uno a uno hasta que no quedó ninguno de los monos que comenzaron el experimento. Sin embargo todos los simios que entraban en la jaula e intentaban acercarse a la escalera eran agredido por los demás. ¿Por qué lo hacían si nunca habían sido rociados con agua?

¿Cual es la moraleja de esta historia? ¿los monos presentan un comportamiento humano o casi humano? ¿o quizás que los humanos nos comportamos a veces como monos? ¿o que los animales son inteligentes? ¿que el individuo sigue a la masa? ¿Va Vicente donde va la gente? ¿O dime con quien andas y te diré quien eres?

Pues no, la moraleja de esta historia es que nos creemos todo lo que nos cuentan. Somos crédulos por naturaleza y cuando hablamos de la red mucho más.

¿Por qué digo esto? Lo digo porque el experimento probablemente nunca se realizó: Es una historia inventada, no se conoce al autor, ni referencias, ni nadie afirma haberlo replicado, pero son cientos y cientos las páginas en que lo describen y lo cuentan como cierto, comentarios en los foros, presentaciones e incluso vídeos de Youtube. Todo el mundo da la noticia por cierta. Incluso se cita a Einstein en la moraleja.

Al final, de esta historia tan falsa como una moneda de dos caras se pueden sacar cuatro conclusiones:

1. La gente se cree lo que le pongan delante si ve que el colectivo al que pertenece lo da por cierto. Consejo: No te creas todas las parábolas, moralejas o paradigmas que circulan por ahí, incluso aunque parezca que son verdad. Sin referencias solo son historias (como cualquier cuento de ficción) y por lo tanto las conclusiones que puedes obtener de ellas son erróneas

2. Como consecuencia va a ser cierto que una mentira repetida cien veces se convierte en verdad.

3. Sin embargo, el hecho de que todo el mundo asuma que el experimento del mono es cierto de alguna forma lo demuestra como tal. El individuo perteneciente a un colectivo que se cree la historia y la toma como cierta, del mismo modo que los monos dan por cierto que nadie debe subirse a la silla. ¿Razones? Ninguna. Sin embargo estoy seguro de que si no llego a avisar de que no es cierta, la historia se hubiera compartido y repetido como veraz.

4. Internet es muy peligroso. Se suele creer todo lo que está escrito, sin darse cuenta de que son personas las que lo escriben, y si esas personas mienten (consciente o inconscientemente) lo escrito también será falso. Hay que contrastar las fuentes. Hay que ser exigentes con esto, y cuando nos movemos en ámbitos científicos con más razón.

P.D.: Yo había oído una historia similar hace años. En un monasterio el monje más sabio y viejo tenía un gato, y para rezar lo solía atar a una anilla en la entrada del lugar donde oraba. Con los años el monje murió, pero los que le solían acompañar pensaron que existía alguna razón mística para que el viejo monje atase allí al gato, así que continuaron su costumbre. Con los años el gato se fue a acompañar a su primer amo, y los monjes se agenciaron rápidamente un gato para poder orar. Muchos años después en aquel monasterio nadie podía rezar si no había un gato atado en la entrada, incluso cuando ya no quedaba ningún discípulo del primer monje.

P.D.2: Por cierto, como he comentado y puedes ver arriba a la derecha, he presentado este blog al concurso de la blogoteca. Si te gusta lo que ves, lo que lees y lo que implica felizmente puedes votarme (a ser posible con cinco estrellas) o incluso si te apetece puedes dejar un comentario. El enlace para votar o dejar un comentario es ESTE (para votar no hace falta registrarse, para comentar sí).

Esta historia también fue dada por cierta.