Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Psicólogos, opositores o adivinos?

Yo soy el primero que no quiero que me regalen nada. Soy el primero que creo que hay que esforzarse y estudiar para conseguir ser un profesional preparado y poder responder a los problemas que pueda tener en el futuro laboral derivado de este grado (en el caso en que existan). Soy el primero que cree en las reglas del juego previamente establecidas, y que jamás he pedido a posteriori que se baje el nivel en un examen “normal”. Soy el primero que, en resumen, cree que para que una universidad tenga un buen nivel de excelencia y los profesionales procedentes de la misma sean valorados, el nivel de los requerimientos tiene que ser alto. Leer más...

Pero como en cualquier otra faceta de la vida, todo tiene un límite y una explicación. Cuando hablo de que es bueno que el nivel sea alto no me refiero a preguntar cosas que no tienen absolutamente ninguna razón de ser cuando lo que se pretende es preparar a un buen psicólogo. En un libro de 400, 500 o 600 páginas estoy seguro de que se pueden encontrar cientos y cientos de preguntas difíciles, preguntas que solo se puedan saber si se ha estudiado, preguntas que puedan demostrar conocimiento de la asignatura y que puedan tener aplicación práctica en un hipotético futuro profesional como psicólogo.

Lo que no considero de recibo es justo lo contrario, que se preparen unos exámenes cuya primera impresión al echarles un ojo es que no son unas pruebas preparadas para demostrar unos estudios, conocimientos o capacidades, sino que son ejercicios orientados a ver quien ha sido capaz de memorizarse el libro (con gráficos y tablas incluidos) sin poder usar la capacidad deductiva, porque o bien, son preguntas cuyo infinitésimo matiz sobre la respuesta correcta es más que subjetivo o bien son preguntas cuya aplicación en el desempeño de la profesión es nula. En el primer caso estaríamos hablando de ser adivinos (un examen nunca debe ser subjetivo), y en el segundo de ser opositores cuyo único fin es memorizar unos textos de la mejor manera posible y sin absolutamente ningún fin práctico.

Desgraciadamente esa es la impresión que he tenido al salir de uno de los exámenes a los que me he presentado esta semana, y no ha sido una impresión única o particular, ha sido una impresión compartida por todos o la inmensa mayoría (hasta el momento no he encontrado a nadie que no la comparta) del colectivo de estudiantes que hicieron el referido ejercicio.

Yo solo estudio aquí, en esta facultad de Psicología. No me corresponde valorar cual es el objetivo futuro de esta universidad en general ni de esta facultad en particular, que tipo de profesionales quiere preparar, las razones que tiene cada equipo docente para fijar el nivel de insuficientes y en base a qué criterios o la imagen que se quiere dar, si el problema de preparar exámenes como al que me refiero es el económico (acompañado a la subida de tasas, más suspensos, más matrículas…), o es un problema de criterio, o es simplemente una manera de demostrar hasta qué punto se puede tensar la cuerda, o cualquier otro que se escape a mi conocimiento o imaginación.

Tampoco me corresponde valorar si un número de suspensos alto basado en exámenes en los que los requerimientos de sentido común, capacidad de razonamiento o aprovechamiento del estudio son nulos, sino que se basan en “suponer” que quería preguntar el examinador sirven para el fin para el que se supone que deben servir o le van a dar lustre y prestigio a la Uned, aunque en mi modesta opinión lo dudo mucho.

Tampoco tengo claro que la imagen de “oposición”, de memorizar porque sí para poder aprobar sea la que más le conviene a esta universidad. O que al hacer que tanta gente obtenga una calabaza (en el caso de que el fin sea económico) haga que se acabe con la gallina de los huevos de oro debido a la cantidad de estudiantes que puedan abandonar, y unido a eso y por último, tampoco me corresponde valorar de que sirve conseguir que la gente deje sus estudios, no por no estar preparados, o no ser competentes, o no haber estudiado o no haber tenido sentido común, sino por no adivinar las respuesta correctas, y recalco lo de adivinar.

Y ya no entro en el número de créditos reales de cada asignatura. Gracia me hacen algunas asignaturas que son “plato único”. Si los créditos se basasen en la media del número de horas reales empleadas en prepararlas estoy seguro de que en algunos casos habría que multiplicarlos por tres.

Como es habitual, los perjudicados somos los de siempre, el colectivo de estudiantes. Somos los paganos de los cambios de criterio, de los exámenes con preguntas mal formuladas o con múltiples respuestas que se podrían considerar correctas (¿tan complicado es comprobar 30 o 40 preguntas antes de mandarlas a las aulas de examen?), en algunos casos de tener que comulgar con ruedas de molino como si el reconocer un error implicase algo más que eso, de tener que buscarnos la vida en plataformas externas a la Uned como esta desde la que escribo porque en muchas asignaturas los foros de alf (y otras cosas) están cerrados durante el verano (como si al pagar la matrícula no se pagase por la convocatoria de septiembre), del arbitrario criterio a la hora de decidir si se anula o no una pregunta o se dan varias opciones como correctas, de tener que esperar por las plantillas (tampoco entiendo por qué en unas asignaturas se publican a las dos horas del examen y en otras pasan días y días), y de tener que esperar no ya días, sino semanas a la fumata blanca (o negra) de si las reclamaciones se van a ir a la papelera o se nos va a hacer algún caso, si el nivel se va a mantener o bajar o si esa hipotética bajada depende de comprobar si el número de suspensos es el que se pretendía.

Siempre decimos que hacen falta buenos profesionales. Pido una reflexión a toda la comunidad educativa: Para tener psicólogos que lo único que hagan sea memorizar 600 páginas sin un orden o fin determinado, se encomienden a cualquier santo para acertar el matiz que quiere introducir el equipo docente de turno en un examen y luego ejerzan… viéndolo desde este lado de la grada solo se me ocurre que quizás ese día esta profesión deba ser llevada por programas informáticos, nos vamos todos a casa y nos dedicamos a otra cosa.

Totalizando: Adivino no soy ni creo que pueda serlo, opositar ya lo he hecho y con éxito, esa etapa deseo que haya acabado. Ahora solo quiero llegar a ser psicólogo.