Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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lunes, 28 de marzo de 2011

¿De qué te quejas?

Este fin de semana he leído sobre dos asuntos que me han recordado la posición que ocupamos. Por un lado ha fallecido un compañero a sus 38 años tras una larga lucha. Por otro lo que he leído en la isla del perezoso.

Todos hemos tenido, tenemos o tendremos nuestra pelea, historia, aventura o desventura particular. Algunos o todos hemos tenido problemas realmente serios en algún momento a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, en lugar de aprender de las experiencias pasadas y valorar lo que es un problema digno de llevar ese nombre, nos lamentamos de nuestros “problemas” actuales. Leer más...Pero antes de quejarnos quizás debamos preguntarnos si nuestra queja es procedente, si está justificada. Si nuestros motivos son suficientes para entonar el llanto o realmente hacemos nuestras dificultades mayores de lo que son.

Cuando pienso en el caso de Juan Carlos, o en la pobre mujer que tiene que recorrer todos los días varios kilómetros con su hijo desnutrido a cuestas, me doy cuenta de que la inmensa mayoría de nosotros nos quejamos sin motivo. ¿Que tenemos un horario malo?¿Que pesamos más de la cuenta o no nos gusta nuestra estética?¿Que me tienen que operar el juanete?¿Que fulanito o fulanita no me devuelve las miradas o las atenciones?¿Que no puedo tener el último modelo de tablet o de consola?¿Que solo puedo ir a 110 por la autopista?¿Que para llegar a fin de mes ando apretado? ¿Que no apruebo tal asignatura?¿Que no me gusta mi trabajo? Alé, a llorar en plan sirena de ambulancia o a compadecernos de nuestra mala suerte, mientras Juan Carlos (y otros) ya no están entre nosotros y nos dieron un ejemplo de valentía y entereza. O la pobre mujer que no tiene agua, probablemente perderá a su hijo y tendrá una vida miserable. Ella tampoco llora.

Estos últimos son solo dos ejemplos. Hay muchos más. Hay niños que nunca irán al colegio, personas postradas por enfermedades raras que a nadie interesa curar (porque investigar sale caro y el esfuerzo que supone no será económicamente recompensado), personas abatidas por un francotirador cuando van a conseguir un poco de pan o mujeres maltratadas o asesinadas por sus compañeros. Padres de familia sin trabajo, esperanzas ni futuro o niños huérfanos en hogares artificiales que se aferran a cualquier visitante desconocido solo buscando un poco de cariño, tal carencia tienen de él. Y tantas y tantas situaciones duras, a veces terribles, y con difícil o nula solución.

En contraste con esos problemas, muchos de los “problemas” que padecemos la mayoría o de lo que nos quejamos o bien no tienen importancia, o bien tienen solución. Si no tienen importancia no hay por qué quejarse. Si tienen solución actúa ya y soluciónalos.

¿Te has parado a pensar el tiempo y recursos que pierdes lamentándote por contratiempos nimios?¿No sería más productivo actuar, solucionarlos y dejar de lamentarte? Piensa en aquellos que tienen impedimentos serios, piensa en lo injusto que pueden ser tus gemidos mientras ellos, que tienen los verdaderos problemas, los soportan o los afrontan con entereza. Mientras aquí alguien se lamenta de no poder comprarse el último modelo de deportivas, hay otros que caminan descalzos sin emitir un sonido.

Tenemos un ombligo enorme, pensamos que solo nosotros tenemos conflictos. No es verdad. Todo el mundo los tiene. Cuando pienses que tu obstáculo es enorme, o que no tiene solución, antes de autocompadecerte, quizás deberías hacer como el sabio de la parábola y mirar atrás; aquél sabio que cuando creía que era el más pobre del mundo se dio cuenta que otro iba aprovechando lo que él desechaba.

No esperes a tener un problema serio de verdad para darte cuenta de lo pequeños que son los que puedas tener ahora y de la suerte que tienes. Disfruta, actúa, soluciona si es procedente, y en cualquier caso sé feliz, valora lo que tienes, y el no tener dificultades de verdad irresolubles. Haz que cada día cuente. Hazlo por ti, y por los que no pueden hacerlo.