Blog para alumnos de Grado de Psicología de la UNED

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lunes, 8 de marzo de 2010

La química del amor

Me han enviado un texto sobre la química del amor, y buscando a ver por aquí y por allá encontré esto, que creo que merece mucho la pena:Leer más...

El texto era este:
«Los síntomas del enamoramiento se deben a que la actividad química de nuestro cerebro cambia. Aumentan los niveles de dopamina, norepinefrina y disminuye la serotonina. Este cóctel químico nos hace sucumbir al amor y a todos sus efectos.
El o ella se convierten en el centro de todo, la dopamina y norepinefrina ayudan a focalizar nuestra atención, miramos al amado como algo único y nuevo. Y recordamos detalles minúsculos de esta persona y del tiempo que hemos pasado juntos gracias a la norepinefrina la cual aumenta la capacidad de recordar estímulos nuevos.
No podemos dejar de pensar en él o ella, es inevitable, los niveles de serotonina disminuyen y provocan un pensamiento obsesivo.
Buscamos la manera de tener cosas en común cambiando nuestra manera de vestir, nuestros gustos, con el fin de agradarle. La causante es la dopamina que se asocia con la motivación y las conductas orientadas a alcanzar un objetivo concreto.
Si surgen obstáculos para la relación, los sentimientos se intensifican; este hecho se conoce como el “efecto Romero y Julieta” y ocurre porque percibir la adversidad hace que aun aumente más la dosis de dopamina.
No es de extrañar que los amantes crucen continentes para abrazarse solo por unos días o cambien de trabajo o incluso mueran el uno por el otro. Cuando este sistema se activa poco podemos hacer.
La dopamina llega a regiones cerebrales donde se genera la motivación para alcanzar recompensas. Si tarda en llegar, los productores de dopamina prolongan su actividad, los niveles aumentan y la motivación cobra más fuerza.
Si ese teléfono aun no suena, se enviarán señales a la amígdala y se desencadenará la ira; de esta manera el amor y el odio están íntimamente conectados en el cerebro, producen las mismos síntomas y ponen en actividad las mismas sustancias químicas, de ahí que el cerebro humano haya capacitado al amante abandonado a odiar fácilmente a la persona que adoraba. Es solo un juego de combinaciones químicas donde los límites son muy frágiles.
El amor y el odio son cosas muy iguales, la indiferencia es su contrario. Amamos a una persona y la odiamos al mismo tiempo y aquello por lo que suspiramos se llama indiferencia. El amor y el odio tienen mucho en común, cuando odiamos concentramos nuestra atención tanto como cuando amamos. Nos cuesta comer y nos cuesta dormir.
Cuando surge la decepción, tenemos una tristeza enorme, el amante rechazado al final se rinde, y esto se debe a que el cuerpo humano, químicamente, no puede hacer frente a tanto desgaste energético.
La ira nos abandona y nos resignamos a la pérdida. Los sentimientos de resignación y de desesperación son los protagonistas del final del amor. Estos sentimientos están directamente asociados con el sistema de recompensa del cerebro y con su combustible, la dopamina. Cuando al final nos damos cuenta que la recompensa no llegará, las células productoras de dopamina disminuyen su actividad; los niveles bajos de dopamina se asocian al abatimiento y al letargo.
Cuando el estrés del abandono es prolongado disminuyen las tres sustancias, la dopamina, la norepinefrina y la serotonina, haciéndonos caer en una depresión. Un mecanismo para empezar de 0. Estamos diseñados para sufrir cuando nos falla el amor, sólo el tiempo nos saca de la angustia y la desesperación.
Tras la borrachera bioquímica del enamoramiento, el cuerpo y la mente deben recuperarse. Si nos pasáramos toda la vida enamorados, no tendríamos la suficiente atención ni la energía necesaria para hacer nada más. Por tanto, es necesario que se acabe.
El hipotálamo, se encarga de poner orden, de crear lazos de cariño. La locura del amor romántico se transforma en un sentimiento de calma y unión con una pareja. Sin embargo, la felicidad no es eterna, la monogamia no es eterna, tiene fecha de caducidad, unos 4 años; al cabo de este tiempo existe una tendencia universal de cambiar de pareja.
Somos monógamos pero estamos hechos para tener varias parejas. La mayoría de nosotros anhela una pareja para toda la vida, muchos consiguen ser feliz y mantener la química del apego, del cariño y de la complicidad durante muchos años ; es cuestión de suerte, al fin y al al cabo nosotros poco decidimos, nuestra biología se encarga de ello sin que nos demos cuenta.»
y como me comentaba la compañera este tipo de cosas hacen que pensemos que lo que estamos estudiando es genial.
Gracias, Laura Cruz